viernes, 13 de marzo de 2015

Que la visita del Santo Padre sea con olor a oveja…

(Sobre la visita del Papa Francisco a Bolivia)
En la época de Jesús, Israel era una nación pequeña y débil, situada en medio de varios imperios con ejércitos poderosos. Cada vez que iban a ser invadidos por uno de estos ejércitos, la tentación de esta pequeña nación era buscar aliados con otros imperios para que los defiendan y ahí viene el reclamo de Dios: “escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo… pero ellos no escucharon…(Jeremías 7, 23-24). Dicho en una sola palabra, en este tiempo de Cuaresma, “CONVIÉRTANSE”. Pero el pueblo no escuchó.

Y pensar que el Papa Francisco ha pedido “pastores con olor a oveja”. ¿Qué estamos haciendo de esta espera de la llegada del Vicario de Cristo? Me cuestiona la poca reacción de parte de todos como Iglesia. Que hay cuestiones de logística, está bien, de protocolo, ni modo; pero esto “¿es una visita verdaderamente pastoral o una visita simple y sólo diplomática?

La gente, el pueblo, las comunidades están a la espera de la llegada del pastor de nuestra Iglesia Católica, el Papa Francisco. Pero cuando esta noticia lo anuncia y lo dice una persona que se dice católica, pero que no es Iglesia, pierde su sentido y su razón. ¿No será que los cristianos (es decir los católicos), también tenemos que oler a ovejas? Tenemos que evangelizar para que nuestro pueblo, es decir, la Iglesia, no se convierta en un turista, sino que sea un verdadero discípulo y misionero que: “sepa dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo(“La Alegría del Evangelio” nro. 24).

Como decía en su título, alguna vez, la hoja dominical: “Convertidos, en constante conversión”. Cristianos nuestra formación es Permanente. Busquemos a Jesús, llenémonos de su caridad, de su misericordia y recordemos lo que Él nos ha dicho: “El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama(san Lucas 11, 23). No existe campo neutral. Abrámosle las puertas a Jesús y dejemos que Él entre en nuestras vidas con toda su fuerza, porque podemos caer en el error de comportarnos: “como controladores de la gracia y no como facilitadores, pero la Iglesia no es una aduana (“La Alegría del Evangelio” nro. 47). Es mejor, para esta visita del Papa Francisco: “ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades(“La Alegría del Evangelio” nro. 33). Es tarea de todos, claro que sí, feligreses y pastores. Rezamos para que nuestros pastores, en Bolivia, sean audaces y creativos, ante los lobos de este mundo.

Con la visita del santo Padre, el Papa Francisco, queremos renovar nuestra Fe, no queremos que se paralice o se enfríe. “Que no sea una visita protocolar, sino una verdadera visita pastoral, una visita con olor a oveja”.


Pbro. Ysrahel Villegas Domínguez
Parroquia Nuestra Señora del Valle

martes, 27 de enero de 2015

Preparándonos para la Cuaresma 2015

Queridos Hermanos:
Este miércoles 18 de febrero iniciamos la cuaresma, tiempo de preparación y conversión, para celebrar el misterio Pascual de nuestro Señor Jesucristo. Por eso, es necesario prepararnos espiritualmente y con las prácticas de caridad que sean necesarias: Confesión, limosna, oración, abstinencia.
Por eso, facilitamos el mensaje del papa Francisco para esta cuaresma 2015, que tiene como tema Fortalezcan sus corazones. Mensaje que les ayudará a prepararnos personal y comunitariamente para vivir un buen encuentro con Cristo Resucitado.
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2015
Fortalezcan sus corazones (St 5,8)
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.
Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan.
Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre. En la encarnación, en la vida terrena, en la muerte y resurrección del Hijo de Dios, se abre definitivamente la puerta entre Dios y el hombre, entre el cielo y la tierra. Y la Iglesia es como la mano que tiene abierta esta puerta mediante la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, el testimonio de la fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5,6). Sin embargo, el mundo tiende a cerrarse en sí mismo y a cerrar la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él. Así, la mano, que es la Iglesia, nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida.
El pueblo de Dios, por tanto, tiene necesidad de renovación, para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo. Querría proponerles tres pasajes para meditar acerca de esta renovación.
1. «Si un miembro sufre, todos sufren con él» (1 Co 12,26) – La Iglesia
La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Esto sucede cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando recibimos los sacramentos, en particular la Eucaristía. En ella nos convertimos en lo que recibimos: el cuerpo de Cristo. En él no hay lugar para la indiferencia, que tan a menudo parece tener tanto poder en nuestros corazones. Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. «Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26).
La Iglesia es communio sanctorum porque en ella participan los santos, pero a su vez porque es comunión de cosas santas: el amor de Dios que se nos reveló en Cristo y todos sus dones. Entre éstos está también la respuesta de cuantos se dejan tocar por ese amor. En esta comunión de los santos y en esta participación en las cosas santas, nadie posee sólo para sí mismo, sino que lo que tiene es para todos. Y puesto que estamos unidos en Dios, podemos hacer algo también por quienes están lejos, por aquellos a quienes nunca podríamos llegar sólo con nuestras fuerzas, porque con ellos y por ellos rezamos a Dios para que todos nos abramos a su obra de salvación.
2. «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9) – Las parroquias y las comunidades
Lo que hemos dicho para la Iglesia universal es necesario traducirlo en la vida de las parroquias y comunidades. En estas realidades eclesiales ¿se tiene la experiencia de que formamos parte de un solo cuerpo? ¿Un cuerpo que recibe y comparte lo que Dios quiere donar? ¿Un cuerpo que conoce a sus miembros más débiles, pobres y pequeños, y se hace cargo de ellos? ¿O nos refugiamos en un amor universal que se compromete con los que están lejos en el mundo, pero olvida al Lázaro sentado delante de su propia puerta cerrada? (cf. Lc 16,19-31).
Para recibir y hacer fructificar plenamente lo que Dios nos da es preciso superar los confines de la Iglesia visible en dos direcciones.
En primer lugar, uniéndonos a la Iglesia del cielo en la oración. Cuando la Iglesia terrenal ora, se instaura una comunión de servicio y de bien mutuos que llega ante Dios. Junto con los santos, que encontraron su plenitud en Dios, formamos parte de la comunión en la cual el amor vence la indiferencia. La Iglesia del cielo no es triunfante porque ha dado la espalda a los sufrimientos del mundo y goza en solitario. Los santos ya contemplan y gozan, gracias a que, con la muerte y la resurrección de Jesús, vencieron definitivamente la indiferencia, la dureza de corazón y el odio. Hasta que esta victoria del amor no inunde todo el mundo, los santos caminan con nosotros, todavía peregrinos. Santa Teresa de Lisieux, doctora de la Iglesia, escribía convencida de que la alegría en el cielo por la victoria del amor crucificado no es plena mientras haya un solo hombre en la tierra que sufra y gima: «Cuento mucho con no permanecer inactiva en el cielo, mi deseo es seguir trabajando para la Iglesia y para las almas» (Carta 254,14 julio 1897).
También nosotros participamos de los méritos y de la alegría de los santos, así como ellos participan de nuestra lucha y nuestro deseo de paz y reconciliación. Su alegría por la victoria de Cristo resucitado es para nosotros motivo de fuerza para superar tantas formas de indiferencia y de dureza de corazón.
Por otra parte, toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres.
Esta misión es el testimonio paciente de Aquel que quiere llevar toda la realidad y cada hombre al Padre. La misión es lo que el amor no puede callar. La Iglesia sigue a Jesucristo por el camino que la lleva a cada hombre, hasta los confines de la tierra (cf. Hch 1,8). Así podemos ver en nuestro prójimo al hermano y a la hermana por quienes Cristo murió y resucitó. Lo que hemos recibido, lo hemos recibido también para ellos. E, igualmente, lo que estos hermanos poseen es un don para la Iglesia y para toda la humanidad.
Queridos hermanos y hermanas, cuánto deseo que los lugares en los que se manifiesta la Iglesia, en particular nuestras parroquias y nuestras comunidades, lleguen a ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia.
3. «Fortalezcan sus corazones» (St 5,8) – La persona creyente
También como individuos tenemos la tentación de la indiferencia. Estamos saturados de noticias e imágenes tremendas que nos narran el sufrimiento humano y, al mismo tiempo, sentimos toda nuestra incapacidad para intervenir. ¿Qué podemos hacer para no dejarnos absorber por esta espiral de horror y de impotencia?
En primer lugar, podemos orar en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial. No olvidemos la fuerza de la oración de tantas personas. La iniciativa 24 horas para el Señor, que deseo que se celebre en toda la Iglesia —también a nivel diocesano—, en los días 13 y 14 de marzo, es expresión de esta necesidad de la oración.
En segundo lugar, podemos ayudar con gestos de caridad, llegando tanto a las personas cercanas como a las lejanas, gracias a los numerosos organismos de caridad de la Iglesia. La Cuaresma es un tiempo propicio para mostrar interés por el otro, con un signo concreto, aunque sea pequeño, de nuestra participación en la misma humanidad.
Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye un llamado a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.
Para superar la indiferencia y nuestras pretensiones de omnipotencia, quiero pedir a todos que este tiempo de Cuaresma se viva como un camino de formación del corazón, como dijo Benedicto XVI (Ct. enc. Deus caritas est, 31). Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro.
Por esto, queridos hermanos y hermanas, deseo orar con ustedes a Cristo en esta Cuaresma: “Fac cor nostrum secundum Cor tuum”: “Haz nuestro corazón semejante al tuyo” (Súplica de las Letanías al Sagrado Corazón de Jesús). De ese modo tendremos un corazón fuerte y misericordioso, vigilante y generoso, que no se deje encerrar en sí mismo y no caiga en el vértigo de la globalización de la indiferencia.
Con este deseo, aseguro mi oración para que todo creyente y toda comunidad eclesial recorra provechosamente el itinerario cuaresmal, y les pido que recen por mí. Que el Señor los bendiga y la Virgen los guarde.
La caridad de Dios que rompe esa cerrazón mortal en sí mismos de la indiferencia, nos la ofrece la Iglesia con sus enseñanzas y, sobre todo, con su testimonio. Sin embargo, sólo se puede testimoniar lo que antes se ha experimentado. El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres. Nos lo recuerda la liturgia del Jueves Santo con el rito del lavatorio de los pies. Pedro no quería que Jesús le lavase los pies, pero después entendió que Jesús no quería ser sólo un ejemplo de cómo debemos lavarnos los pies unos a otros. Este servicio sólo lo puede hacer quien antes se ha dejado lavar los pies por Cristo. Sólo éstos tienen “parte” con Él (Jn 13,8) y así pueden servir al hombre.
Vaticano, 4 de octubre de 2014
Fiesta de san Francisco de Asís
pp. Francisco

jueves, 22 de enero de 2015

El Camino de la Jornada Mundial de la Juventud


1984  Roma: Plaza de San Pedro, Domingo de Ramos (15 de abril de 1984)
Clausura del Jubileo de los jóvenes en Roma con motivo del Año santo de la Redención
El Papa entrega la Cruz a los jóvenes (22 de abril de 1984)

1985  Roma: Plaza de San Pedro, Domingo de Ramos (31 marzo)
Encuentro mundial de jóvenes con motivo del Año Internacional de la Juventud.
El Papa dedica una Carta Apostólica a los jóvenes y a las jóvenes del mundo (31 de marzo de 1985) y después anuncia la institución de la Jornada Mundial de la Juventud (20 de diciembre de 1985)
1986  I Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza» (1Pt 3,15)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (23 de marzo de 1986)
1987  II Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene» (1Jn4,16)
Celebración (internacional) - Buenos Aires, Argentina (11-12 abril)

1988  III Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (27 de marzo de 1998)

1989  IV Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6)
Celebración (internacional) - Santiago de Compostela, España (15-20 agosto)
1990  V Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 15,5)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (8 de abril de 1990)
1991  VI Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Habéis recibido un espíritu de hijos» (Rm 8,15)
Celebración (internacional) - Czestochowa, Polonia (10-15 agosto)
1992  VII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio» (Mc 16,15)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (12 de abril de 1992)

1993  VIII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn10,10)
Celebración (internacional) - Denver, USA (10-15 agosto)

1994-1995    IX-X Jornada Mundial de la Juventud.
Tema: «Como el Padre me envió, también yo os envío»(Jn 20,21)
IX Jornada Mundial de la Juventud
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (27 de marzo de 1994)
X Jornada Mundial de la Juventud
Celebración (internacional) - Manila, Filipinas (10-15 enero 1995)
1996  XI Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn6,68)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (31 de marzo de 1996)
1997  XII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Maestro ¿dónde vives? Venid y veréis» (Jn 1,38-39)
Celebración (internacional) - París (Francia) (19-24 agosto)
1998  XIII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «El Espíritu Santo os lo enseñará todo» (Jn 14,26)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (5 de abril de 1998)

1999  XIV Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «El Padre os ama» (Jn 16,27)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (28 de marzo de 1999)
2000  XV Jornada Mundial de la Juventud - Jubileo de los Jóvenes
Tema: «La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14)
Celebración (internacional) - Roma (15-20 agosto)
2001  XVI Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame» (Lc 9,23)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (8 de abril de 2001)
2002  XVII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Vosotros sois la sal de la tierra...Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5, 13-14)
Celebración (internacional) - Toronto, Canada (23-28 julio)

2003  XVIII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: "Ahí tienes a tu madre" (Jn 19,27)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (13 de abril de 2003)

2004  XIX Jornada Mundial de la Juventud
Tema: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (4 de abril de 2004)
2005  XX Jornada Mundial de la Juventud
Tema: "Hemos venido a adorarle" (Mt 2,2)
Celebración (internacional) - Colonia, Alemania (16-21 de agosto de 2005)
2006  XXI Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero» (Sal 119, 105)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (9 de abril de 2006)
2007  XXII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros»(Jn 13,34)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (1 de abril de 2007)
2008  XXIII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos» (Hch 1,8)
Celebración (internacional) - Sydney (15-20 de julio de 2008)

2009  XXIV Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo»
(1Tm 4, 10)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (5 de abril de 2009)
2010  XXV Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 17)
Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (28 de marzo de 2004)
2011  XXVI Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe»
(cfr. Col 2, 7)
Celebración (internacional) - Madrid, España (16-21 de agosto de 2011)
2012  XXVII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «¡Alegraos siempre en el Señor!» 
(cf. Flp 4,4)

Celebración (diocesana) - Domingo de Ramos (1 de abril de 2007)
2013  XXVIII Jornada Mundial de la Juventud
Tema: «Id y haced discípulos a todos los pueblos»
(cf. Mt 28,19)

Celebración (internacional) - Rio de Janeiro, Brasil (22-29 de julio de 2013)
2014  XXIX Jornada Mundial de la Juventud 
Tema: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt 5,3)
Celebración (diocesana)
2015  XXX Jornada Mundial de la Juventud
Tema: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt5,8)
Celebración (diocesana)
2016  XXXI Jornada Mundial de la Juventud

Tema: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7)
Celebración (internacional) - Cracovia, Polonia


HIMNO DE LA JMJ 2016 CRACOVIA



Una Iglesia en salida

Papa Francisco

Recordando las palabras del #papaFrancisco en la exhortación pastoral Evangelli Gaudium, que nos invita a salir con el dinamismo que solo se adquiere por medio del encuentro personal con Cristo.

20. En la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes. Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío» (Ex 3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás» (Jr 1,7). Hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

21. La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. La experimentan los setenta y dos discípulos, que regresan de la misión llenos de gozo (cf. Lc 10,17). La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeñitos (cf. Lc 10,21). La sienten llenos de admiración los primeros que se convierten al escuchar predicar a los Apóstoles «cada uno en su propia lengua» (Hch 2,6) en Pentecostés. Esa alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto. Pero siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá. El Señor dice: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido» (Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene para explicar mejor o para hacer más signos allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos.

22. La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas.

23. La intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión «esencialmente se configura como comunión misionera».[20] Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10). El Apocalipsis se refiere a «una Buena Noticia, la eterna, la que él debía anunciar a los habitantes de la tierra, a toda nación, familia, lengua y pueblo» (Ap 14,6).
24. La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. «Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear! Como consecuencia, la Iglesia sabe «involucrarse». Jesús lavó los pies a sus discípulos. El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarlos. Pero luego dice a los discípulos: «Seréis felices si hacéis esto» (Jn 13,17). La comunidad evangelizadora se mete con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe «fructificar». La comunidad evangelizadora siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. Por último, la comunidad evangelizadora gozosa siempre sabe «festejar». Celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante en la evangelización. La evangelización gozosa se vuelve belleza en la liturgia en medio de la exigencia diaria de extender el bien. La Iglesia evangeliza y se evangeliza a sí misma con la belleza de la liturgia, la cual también es celebración de la actividad evangelizadora y fuente de un renovado impulso donativo.

jueves, 15 de enero de 2015

Nuestra Parroquia Casa de Todos


Parroquia Nuestra Señora del Valle

Blog oficial de la parroquia Nuestra Señora del Valle, perteneciente a la Arquidiócesis de Santa Cruz, ubicada en el km 13 al norte en la urbanización Valle Sánchez, frente al aeropuerto internacional Viru Viru.

Parroquia Comunidad de comunidades

Nuestra comunidad parroquial abarca la zona norte desde el cementerio "Las Misiones" hasta la entrada a la localidad "La Bélgica". teniendo como limite a la derecha la carretera al norte y a la izquierda el río Piraí.

Las capillas constituidas son Nuestra Señora del Valle (sede parroquial) y Virgen del Rosario. Junto a las capillas constituidas podemos encontrar los barrios y las comunidades: San Juan, Akualand, San Francisco, Terracor, Villa Ignacio Warnes, Los Almendros e Integración del Oriente.

El equipo Sacerdotal y las comunidades Religiosas

El equipo sacerdotal que atiende nuestra comunidad parroquial esta conformado por:

Párroco      :  P. Ysrael Villegas
Vicario       :  P. Calixto Candia
Colaborador:  Sem. Daniel Arguedas

Contamos con la asistencia y compañía de dos comunidades religiosas:


  • Hermanas del Perpetuo Socorro, que colaboran con la pastoral parroquial de manera especial en la sede parroquial.
  • Pequeñas Siervas de la Sagrada Familia (de Korea), ubicadas en la capilla "Virgen del Rosario" colaborando con la Guardería Parroquial "P. José Menguethi"
Sabiendo que contamos con su apoyo agradecemos a todos los agentes de pastoral que conforman los equipos de consejo pastoral parroquial, delegados en barrios y comunidades, catequistas, equipos de economía y demás servicios.